¡No confiamos!

La tabla con los diez mandamientos  fue entregada por Dios a Moíses para que fuera la norma de vida del pueblo que había escogido, este decálogo que aún se mantiene, es el patrón del vivir en comunión con Dios.

Muchos años después, en su paso por la Tierra, Jesucristo, el Hijo de Dios, Dios hecho hombre, lo simplificó en dos grandes mandamientos: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.

Ese amar al prójimo como a uno mismo conlleva un tratamiento que podría significar la paz total en el mundo, porque si nos queremos como persona no le haríamos al otro lo que no nos procuraríamos para nosotros.

Quizás una de la más grave consecuencia de no cumplir los mandamientos es la falta de confianza en el trato con los demás, no creemos lo que se nos dice y no decimos  la verdad de las cosas, piense en esto.

¿Cree usted, cuando una persona que aparenta estar menesterosa, le dice: que necesita dinero para comprar una receta, o para un pasaje, o que tiene un hijo, su madre,  su padre o un hermano sufriendo de una enfermedad terminal?

Nos compadecemos de la situación y queremos darle algo de lo que tenemos, pero se ha distorsionado tanto y hemos visto a tantos engañándonos que la desconfianza prima más que la compasión y decimos que no tenemos dinero para darle aun teniendo.

Eso aparte de la cantidad de delincuentes que bajo ese ropaje se nos presentan para hacer de sus fechorías, un  bebé de tres meses murió en una situación que se investiga, ya que agentes de la DNCD detuvieron una ambulancia que la llevaban en situación de emergencia.

Los agentes alegan que tenían una información de que se transportaba drogas y en el tiempo que estuvo detenida la ambulancia murió el bebé por falta de oxígeno, ¿verdad o mentira? Quizás lo sepamos pero ya se perdió una vida.