La palabra aún no está registrada en el Diccionario de la Real Academia Española, pero sucede lo mismo que con otras, que sin estarlo, forman parte del habla común y de usarse tanto ya nos parecen oficiales.
Con ella se quiere identificar a los “viejos”, pero parece ser que ahora esa palabra pudiera resultar ofensiva y tanto se emplea aquella de “envejeciente, como la de adultos mayores”, aunque lo importante no es la terminología sino lo que debemos hacer con ellos para hacerles la vida llevadera.
Por eso saludamos la iniciativa de la Fundación Manos Arrugadas que ha llevado al Congreso, iniciando por el Senado, un proyecto de Ley para que obligue a los hijos a hacerse responsables de la manutención de sus padres, cuando estos ya no puedan hacerlo por sí mismos.
La tristeza de la vejez, es la soledad, la falta de cariño y atención de parte de aquellos que recibieron todo eso desde el mismo momento de su nacimiento, “honra a tu padre y madre” es uno de los mandamientos de la ley de Dios, pero a veces, a ese como a los otros, no le hacemos caso.
Al celebrar este día lo único que debe contar no es hacerlo hoy y ya, tenemos que poner en nuestra mente y corazón, que esos viejos nos dieron, alma, corazón y vida para ser lo que ahora somos, no lo olvidemos en este ¡día nacional del envejeciente!

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