Más pronto de lo que pudiéramos imaginar vamos cambiando las preocupaciones que nos llegan con las diferentes edades y cuando llegamos a aquellas en las que ya no nos atrevemos a hacer algo para evitar el ridículo hemos perdido hasta la alegría de vivir.
Cuando estamos en los cursos de la primaria estamos anhelando tener más edad para estar en la secundaria y así comenzar el enamoramiento, ya que no se concibe estar en la adolescencia y en el bachillerato sin aquellos amores de estudiantes.
Vamos caminando a niveles superiores y a otras edades, nos casamos y comenzamos a crear familia y con ella viene la mortificación de los pagos mensuales fijos, el trabajo y empezamos a perder el gusto por cantar o ver los brillantes colores de la primavera.
A veces por el afán diario nos perdemos de ver y disfrutar la niñez de nuestros hijos y sin darnos cuenta ya son adolescentes que no quieren salir con sus padres porque eso no está bien o se aburren en esos ambientes.
Entonces llegamos a la edad madura y la única preocupación es la política o la pelota y nos llenamos la mente de cosas que sólo nos inducen a discutir, a polemizar, ¿por qué no nos preocupamos más en vivir la vida?
En cantar, en reír, en bailar, en ver y disfrutar la naturaleza, es bueno preocuparse por brindar un futuro y lograr tener uno, pero que esto no nos quite la alegría de disfrutar la vida.

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