La historia de República Dominicana registra una gran relación del fervor religioso con la política, o para ser más claros, un gran uso de los políticos del fervor religioso del pueblo.
La advocación de la Virgen María que aquí tenemos como Protectora de la República, Virgen de la Altagracia, tiene su origen en su aparición en un combate que se producía entre los conquistadores españoles y los nativos que poblaban la isla.
La Virgen de las Mercedes, otra advocación de la Virgen María, que es la Patrona del pueblo dominicano, es comenzada a venerar por su aparición en un combate entre haitianos y dominicanos.
Es decir, que estas adoraciones se han producido, supuestamente, por favores recibidos en situaciones difíciles y de lucha de la población lo que ha motivado que los políticos desde siempre se hayan querido escudar y decir que cuenta con su apoyo.
De Horacio Vásquez decían que “era la virgen con chiva (barba)”; en la ocasión que Balaguer tuvo un accidente al caerse el helicóptero en que viajaba se dijo “que fue protegido por la Virgen de la Altagracia.
Hay políticos más modernos que dicen contar con su favor y que por esa razón ganan elecciones provinciales y otros que dicen haber tenido visiones en sueños donde la virgen les asegura que ganarán con su apoyo.
Pero lo que realmente refleja la confianza del pueblo llano en Ella, lo dice el merengue de Luis Alberti “virgencita el consuelo, ayúdame a conseguir lo que conseguir no puedo, ayúdame a conseguir”.

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