O como si dijéramos también “palo si bogas y palo si no bogas” en nuestro país hace mucho tiempo se viene hablando sobre el grave problema que representa el tránsito y la cantidad de muertes que se producen por los accidentes.
Hemos llegado a un punto tal que las estadísticas nos colocan en las primeras posiciones en el mundo por la cantidad de muertes por cada 100,000 habitantes y el enorme gasto económico que representa en el presupuesto estatal y familiar.
En los últimos días se han producido accidentes lamentables con gran cantidad de pérdidas de vidas humanas, en distintas autopistas y carreteras del país que han obligado a poner sobre el tapete las condiciones viales.
Se alega que hay que mejorarlas y se está trabajando en muchos puntos para ponerlas en mejores condiciones y es loable que así sea, pero parece ser que nos hemos olvidado de algo que es lo más importante: el conductor y las leyes.
Es nuestra forma irresponsable de manejar la que provoca en la mayoría de los casos los accidentes, el conducir bebiendo alcohol o bajo los efectos de otra droga, el no respetar las leyes, aunque generalmente cuando sucede y hay un representante de la ley tampoco pasa nada por el consabido soborno económico.
¿No ha notado usted que cuando hay una carretera o camino que no está en óptimas condiciones, suceden menos accidentes por la poca velocidad que hay que llevar al manejar? Sin embargo esa misma carreta es acondicionada y puesta en buenas condiciones y de inmediato cambia todo por la velocidad.
Es buena la preocupación por el estado de las carreteras pero más importante la concienciación al conductor para manejar y la férrea aplicación de la ley por parte de las autoridades, porque si no ya veremos que “todo diablo es candela”

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