En medio de esta pandemia de la COVID-19, el mundo celebró la Semana Santa con los templos vacíos de feligreses, pero con todos los ritos celebrados por los sacerdotes y transmitidos por los medios de comunicación tradicionales y los modernos de la internet.
Las playas, ríos, parques y lugares que los vacacionistas habituales de este período de reflexión y religiosidad también estuvieron vacíos por la prohibición de visitarlos y, además, estar cerrados al público.
La cuarentena obligada, el distanciamiento social, el toque de queda y otras medidas para evitar la propagación del coronavirus han hecho posible un mayor acercamiento de las familias que comparten un hogar, aunque con los demás familiares no se pueda tener contacto presencial.
Las muertes durante este tiempo no se detuvieron, pero al contrario de años anteriores, causadas por motivos diferentes a los accidentes de tránsito, ahogamientos, intoxicación alcohólica y alimenticia, hubo muertes sí, pero ¡No, por Semana Santa!

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