Lo han demostrado desde que comenzaron su independencia son aguerridos y cuando se disponen a hacer algo y trazar pautas, lo consiguen a como dé lugar, son lo que podríamos llamar “el más grande imperio de la historia”.
Tienen un territorio enorme en el continente americano, pero además, otros terrenos fuera del mismo que les pertenecen por haberlos comprado o quitado por la fuerza de su ejército en guerras de independencia o coloniales.
Hubo un tiempo en el que tuvieron un gran contrincante ideológico que apostaba por su destrucción pero fue ese nuevo concepto político y social el que cayó vencido y no se vislumbra nada que les pueda hacer frente.
De manera que si Estados Unidos se ha empecinado en que en el mundo exista el matrimonio entre personas del mismo sexo, a pesar del rechazo profundo, serio e intransigente de la Iglesia Católica, ellos van a conseguir eso que proponen.
Tan dispuestos están, que han comenzado por mandar embajadores a diferentes países para que promuevan esa igualdad, y por ejemplo, aquí enviaron a uno con su esposo, es decir, dos hombres casados por las leyes de uno de sus Estados, porque todavía no es legal en todos.
Nos visitó el Vicepresidente de esa nación y el cardenal aprovechó para criticar duramente la actuación de su embajador que promueve el orgullo gay, en contra de las normas diplomáticas, pero nada va a pasar, porque el Vicepresidente es uno de los mayores propulsores de esa igualdad.
De suerte que sólo nos queda repetir un slogan político ya en desuso y hacerle una adecuación: “lo que diga Estados Unidos es lo que va”.

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