La FAO ha denunciado que cada año se desperdician 1,300 millones de toneladas de alimentos, en un mundo donde 870 millones de personas pasan hambre y millones mueren por esa situación.
No es tan solo por creencias religiosas, aquello de “ama a tu prójimo como a ti mismo” y de que “tuve hambre y me diste de comer” que dijo Jesucristo en su paso por el mundo, sino de que además del gran coste económico para la elaboración de estos alimentos, causa un grave daño a los recursos naturales.
Ya que en su preparación se emplea un volumen de agua equivalente al caudal anual del río Volga, además de añadir 3,300 millones de toneladas de gases de efecto invernadero a la atmósfera del planeta.
Es decir, estamos destruyendo la vida del planeta en la elaboración de alimentos, que luego no comemos, y que preferimos botar y no darlo a personas que lo necesitan para poder vivir, ya que están pasando hambre y muriendo por esa causa.
Resulta increíble como el hombre destruye el lugar donde vive, es lamentable que al hacerlo solo piensa en sí mismo ni siquiera en quienes le rodean y no le da vergüenza ver morir a su prójimo por falta de comida, botándola en su misma cara.
¿Qué nos ha pasado que hemos llegado a un grado tal de deshumanización?

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