El escritor, político y militar español Jorge Manrique quien vivió en los años del 1440 al 1479 dijo que “cualquier tiempo pasado fue mejor” lo que desde entonces ha servido de excusas a todos aquellos que añoran los tiempos idos y los consideran mejores que los actuales.
Pero también otro escritor y filósofo español, Miguel de Unamuno quien vivió del 1864 al 1936 dijo que “el progreso consiste en renovarse” que luego la sabiduría popular convirtió en el refrán de “renovarse o morir”.
Desde hace unos años los que prefieren aquello de “cualquier tiempo pasado” hablan de las cosas que se han ido perdiendo en la celebración de la Semana Santa y ponen como ejemplo entre otros detalles, el cambio de las emisoras en la música, porque antes se tocaba a los grandes clásicos y ahora no.
También añoran el silencio que reinaba desde el jueves santo y mucho más el viernes santo, porque Dios estaba muerto y no se podía ni hablar ni pisar duro y en los pequeños el temor a la oscuridad o quedarse solo, porque el diablo estaba suelto.
De cuándo comenzó el usar el período de Semana Santa como fecha para disfrutar de las playas, con ron y música bullanguera incluida, no sabemos, pero suponemos fue a partir de los años setenta con unos pocos nada más como iniciadores.
Con el tiempo transcurrido se ha ido maximizando y ya es una época de grandes beneficios para los negocios de todo tipo, comparable sólo con el período de las navidades, que también es una fecha de origen religioso.
Pero del mismo modo que comenzó el alejamiento de la religiosidad en la celebración, así también hay un resurgir de la misma desde hace unos años, y aunque tal vez no se vuelva a la rigurosidad de antes podríamos vivir con una tranquilidad y fervor más o menos parecido.

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