Cólera, basura y agua

El brote de cólera en San Cristóbal vuelve a poner sobre el tapete la cultura dominicana de poner candado después que nos roban y la política de tomar acciones que duran unos días nada más y luego se echan al olvido para retomarlas cuando se agudizan los problemas.

Desde el terremoto en Haití en el 2010 en ese país se desató un brote de cólera de proporciones alarmantes que produjo centenares de muertes y que todavía no ha sido eliminado. Conociendo las debilidades en nuestra frontera y el paso ilegal y constante de los haitianos, ¿por qué nos descuidamos?

Es bien sabido que la basura amontonada es foco de toda clase de infecciones y criadero de alimañas, pero tenemos años hablando sobre su recogida y destino final y estamos igual que cuando se comenzó a hablar sobre eso.

El problema de las aguas contaminadas también es de larga data, la venta a granel en camiones cisternas con poca o ninguna supervisión y la existencia de envasadoras de agua para el consumo humano en las mismas condiciones.

Se sabe de estos problemas, se inicia una batida para llamarlos al orden, se les clausura y luego de poco tiempo se vuelve a lo mismo.

¿O acaso hemos olvidado la cantidad de veces que se inician operativos en contra de los motoristas y el uso del casco protector? Se hace un día o dos, se deja, y ellos vuelven a lo mismo, ¿y qué de los vidrios tintados y empapelados en los vehículos, prohibidos, pero nunca quitados?

Somos un país con la suficiente capacidad económica para hacer las cosas que produzcan el bienestar de la población y es tiempo ya de que lo hagamos.