Tradicional cliché de despedida que se utilizaba cuando las emisoras tenían su programación segmentada en programas musicales de diversos tipos: merengues típicos, rancheras, románticos, artista invitado, etc.
Y esa parece ser la forma de vida a que nos hemos acostumbrado, cada día tenemos un programa igual, con canciones diferentes pero del mismo tipo y a veces con los mismos artistas, lo bueno es que nos mantienen entretenidos.
Por ejemplo, la política: faltan dos años para las elecciones pero desde que fue juramentado el nuevo Presidente y se entendía que tendríamos un descanso de campaña electoral, no ha sido así, todo lo contrario hay un activismo que espanta.
Pero también en otras áreas de la vida estamos con movimientos, en el mundo del espectáculo: prohíben la presentación de una artista norteamericana porque su show es indecente y un promotor artístico arremete contra el Director del Teatro Nacional por unas goteras en el local.
En los deportes no tenemos ahora controversias sino que nuestros atletas están haciendo su labor, como dice el Himno a la Escuela. Estábamos sufriendo una larga sequía pero llegaron las lluvias y aunque hay desplazados y algunos daños, las cosas se ven mejores.
Si nos ponemos a revisar las opiniones y las noticias de años anteriores veremos una similitud con esto que estamos diciendo ahora, porque parece ser que nuestra vida diaria es como las programaciones de las emisoras de antaño, en las cuales se prometían para el otro día un programa igual ¡a la misma hora por esta misma emisora!

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