Violencia: una plaga que se resiste a disminuir

No han valido estudios, medidas, orientación y formas de protección, la violencia en sus diferentes formas, entronizada en el mundo desde Caín contra Abel, se resiste a disminuir y en cada tiempo que pasa se hace más sanguinaria pero también más inteligente.

Cuando la violencia viene desde el mismo núcleo familiar, con padres  abusivos, es muy poco lo que se puede esperar de un niño creciendo en un ambiente disfuncional, que con conductas aprendidas, llega a la adultez y forma su propia familia.

Se forma una cadena de violencia que necesita de orientación médica especializada, pero de un reconocimiento por parte del abusador, de que es una persona enferma que necesita tratamiento para corregir una forma de actuar y de pensar que hace daño a su entorno.

Se ha comprobado que la mujer agredida no denuncia porque tiene  miedo o porque trata de buscar alternativas como terapias, como forma de salvar la relación y superar la crisis, pero ella debe tomar conciencia de su situación y si el agresor no tiene la intención de regenerarse tomar medidas heroicas.

Estos hogares disfuncionales son el caldo de cultivo para la creación de delincuentes que desde edades muy tempranas están en las calles y han tomado como medio de vida el robo, el crimen y la forma más rápida de conseguir dinero.

Es una situación angustiante la que estamos viviendo, no tan sólo en nuestro país, es que nuestro mundo se ha globalizado, y como dice la canción ♪si cabe en cinco letras muy grande no ha de ser♪ y así tenemos también una violencia globalizada.