¡Vida consagrada!

En 1997, el Papa San Juan Pablo II estableció el Día Mundial de la Vida Consagrada que se celebra anualmente en la Fiesta de la Presentación del Señor, 40 días después de Navidad, el 2 de febrero.

La Fiesta de la Presentación recuerda al Niño Jesús entrando al Templo en Jerusalén; sostenido en los brazos de su madre; y acompañada por su esposo, San José, quien probablemente tenía en sus brazos la ofrenda del templo a los pobres: un par de palomas o dos tórtolas, que se ofrecerían a Dios en acción de gracias por su hijo primogénito.

Cuando entraron en el Templo, lo que ocurrió fue mágico. El tan esperado Mesías fue reconocido por el profeta Simeón, como la gloria de Dios y la luz para todas las personas, y por la profetisa Ana, quien declaró que hablaría de Él a todos. Jesús fue consagrado ese día en el templo y entonces comenzó su obra salvífica.

Las Religiosas primero son consagradas en el bautismo y luego consagradas para la obra de Dios en su profesión religiosa, al aceptar el llamado a vivir los Votos Evangélicos de pobreza, castidad y obediencia.

Durante sus años de ministerio, cada Hermana ha sido como una luz resplandeciente en un mundo muy oscuro y cada una ha dado gloria a Dios por su servicio a los demás.

Su don de consagración religiosa enriquece, inspira y sostiene a la Iglesia en su viaje por el mundo. Sus ministerios los han llevado a muchos lugares y a innumerables mujeres, hombres y niños. En cada situación y para cada persona han sido y siguen siendo un regalo.

Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos, no todos estamos hechos para una ¡Vida consagrada!