Como banilejo que soy, al igual que Miguel Franjul, comparto con ustedes el editorial que él escribió, en su condición de director del Listín Diario, sobre la tragedia que enlútese a nuestro lar nativo.
Una nube de luto ensombrece hoy a Baní tras la muerte de más de una decena de sus hijos en un fatídico viaje ilegal desde México a los Estados Unidos, empujados por la ilusión de una mejor vida fuera de su país.
Esa misma utopía ha llevado a la muerte, a la frustración o a la cárcel a centenares de dominicanos que se embarcan en yolas para llegar a Puerto Rico, base o trampolín de sus aventuras.
Otros venden o hipotecan sus bienes, cogen préstamos o buscan dinero a como dé lugar para financiar sus viajes ilegales, para lo cual opera una lucrativa pero siniestra maquinaria de “coyotes”, que organiza sus desplazamientos.
Esos coyotes, los mismos que traen ilegalmente a haitianos o haitianas embarazadas, funcionan con el contubernio de autoridades, ya sea con documentos falsificados o con la ayuda de militares y funcionarios de Migración.
¿Qué razones influyen en los ciudadanos para pagar tanto dinero, exponerse a un sinnúmero de riesgos y penetrar ilegalmente a otro país?
Muchísimas. En unos casos, la convicción o la sensación de que aquí no tienen esperanzas de buen trabajo o buenos ingresos; en otros, alcanzar las quimeras del “sueño americano”, ahora que se flexibilizan normas migratorias y que la economía abre más fuentes de empleos.
Como nadie huye del bienestar ni deja lo que siente propicio ni beneficioso para sus vidas, es obvio que los que eligen el camino del destierro lo hacen para escapar de la crisis económica que perciben en su país, o para huir de la justicia o de algún sicario.
La de Baní, como la de Arenoso y otros pueblos con sus náufragos, es la expresión de una realidad marcada por las desesperanzas, la poca fe en el presente y el futuro, las escaseces y la falta de oportunidades.
Síntomas inequívocos de muchas crisis acumuladas, pero sobre todo redimensionadas por la pandemia del Covid, con sus secuelas de desarmonías sociales, descalabros económicos y ahora inflación galopante y hambre en todo el mundo.

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