Los políticos dominicanos que aspiran a ocupar la Presidencia de la República, desde que terminan las elecciones que se celebran cada cuatro años y no salen electos, les entra como una especie de desesperación y quisieran adelantar el tiempo para volver a presentarse como candidatos.
No asimilan los resultados y cada uno de los perdedores grita que le hicieron fraude, que el ganador compró votos, piden un recuento de votos y una serie de argumentos que el pueblo llano le dice con mucho ingenio que es un pataleo.
Comienzan tímidamente a promocionarse después de que el dieciséis de agosto del año de las elecciones el ganador es juramentado como presidente, pero al año siguiente comienzan con todas sus fuerzas una campaña a destiempo y por tanto feroz.
Hemos iniciado apenas el segundo mes del dos mil dieciocho y ya los medios de comunicación están atiborrados de encuestas electorales realizadas casi siempre por empresas que trabajan para un determinado sector político, que como es natural, pone los números que favorecen a quien le paga, falta este año completo y el que viene también, más cinco meses del dos mil veinte para que tengamos elecciones y ya estamos en el fragor de que el que va a ganar soy yo ¡Siempre lo mismo!

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