Cada 16 de junio se celebra el Día Internacional de las Remesas Familiares que este año, se celebrará en condiciones sin precedentes. La COVID-19 ha cambiado el mundo. Millones de trabajadores migrantes están perdiendo sus empleos, y muchas familias que dependen de las remesas son empujadas repentinamente por debajo del umbral de la pobreza y deteniendo los esfuerzos para alcanzar sus propios objetivos de desarrollo sostenibles individuales.
Las familias son típicamente ingeniosas y resistentes ante circunstancias difíciles y condiciones cambiantes. Pero la COVID-19 está interrumpiendo un sistema completo que involucra directamente a 200 millones de trabajadores migrantes, la mitad de ellos mujeres, en todo el mundo y sus 800 millones de familiares en sus países de origen.
Los trabajadores migrantes son contribuyentes esenciales tanto para los lugares donde viven actualmente como para sus comunidades en casa, teniendo un efecto dominó en alrededor de 40 países emisores y más de 125 países receptores en todo el mundo. Se proyecta que las remesas globales a los países en desarrollo disminuirán en $110 mil millones en 2020, y no volverán a los niveles previos a la pandemia por muchos años después.
El 19 de marzo de 2020, el Secretario General de la ONU hizo un llamado a la solidaridad mundial para responder a la crisis del coronavirus y afirmó que «las remesas son vitales en el mundo en desarrollo, especialmente ahora».
Ahora, más que nunca, este Día presenta una oportunidad invaluable para reconocer el papel clave que desempeñan las remesas familiares en el bienestar de millones de familias y el desarrollo sostenible de sus comunidades locales. Es por eso qué este año se pide acción a los gobiernos, al sector privado y las organizaciones de la sociedad civil para apoyar a los trabajadores migrantes y sus familias en la construcción de la resiliencia en este momento de crisis.

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