¡Qué difícil es!

En las grandes ciudades del mundo moderno uno de los más graves inconvenientes es el tránsito citadino por aquello del volumen de vehículos y en muchas ocasiones la forma de manejar de conductores y choferes.

Recuerdo que para los años ochenta un amigo dominicano pero residente en Estados Unidos desde su más tierna edad, vino al país como turista y alquiló un carro para moverse en él y visitar a familiares y amigos que hacía mucho no veía.

Al segundo día de estar manejando en la capital, volvió a visitarme, pero para pedirme un favor que entendía si no lo podía complacer entregaría el carro alquilado: “que lo acompañara manejando cuando tuviera que moverse en la ciudad”.

Decía: “no puedo manejar aquí, es inconcebible la forma de conducir, no hay respeto a las leyes, a las filas cuando se está en un taponamiento y los semáforos como si no existieran” y eso pasaba en los años ochenta!

Lo de ahora es peor, es de valientes manejar en la capital, la cantidad exorbitante de vehículos es sólo comparable a la misma cantidad de irresponsables que los conducen, tanto privados, como los dueños del país, inmunes a las leyes y ordenanzas: los choferes de guaguas, taxis, concho, camiones, etc.

Si usted quiere saber de cosa buena, salga en horas de la mañana, antes de las 8:30, por la 27 de febrero, Núñez de Cáceres o John F. Kennedy, con intenciones de llegar a tiempo a su trabajo o a una cita específica, lo único que conseguirá son unas ganas inmensas de sentarse a llorar.

No se respetan los semáforos, las intersecciones y los que supuestamente están encargados para agilizar todo, han hecho un entrenamiento para taponarlo todo, los inefables agentes de la Amet, realmente es preferible no tener que manejar en la capital, porque señores ¡qué difícil es!