De nuestro país siempre se ha dicho que es esencialmente presidencialista, o sea que quien ejerce la Primera Magistratura de la Nación es una especie de dios que todo lo puede y que sin su palabra nada sucede.
Desde cierto punto de vista para el Presidente es una suerte de engrandecimiento personal del que si no tiene los pies sobre la tierra y una capacidad de discernimiento y reconocimiento de la fragilidad del mismo, pueden afectárseles y nublárseles los sentidos.
Lo lamentable de ese “presidencialismo” es que en todo tiene que inmiscuirse para que funcione como debe ser, con lo del dengue hace tiempo que se viene hablando de la prevención y de lo que hay que hacer para evitar tantas muertes como las que se han producido.
Hay un Ministerio de Salud que debe jugar todas las cartas en ese sentido, pero ha tenido que decir el Presidente que era necesario actuar con más presteza y ordenó una campaña masiva de lucha contra el dengue.
Por eso este fin de semana todos los empleados públicos del país salen a las calles a erradicar criaderos de mosquitos y a concienciar a la población sobre lo que hay que hacer para detener esta epidemia.
Tuvo que intervenir el Presidente para que esto se hiciera, a pesar de que hay un ministerio que tiene esa responsabilidad y una gran cantidad de empleados, ¡qué barbaridad!

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