Un refrán muy nuestro dice que “el día más claro llueve” y a pesar de que ya nuestro servicio meteorológico no es motivo de burla como hace unos años, porque acierta siempre en sus pronósticos , la vida del peatón es muy complicada para poder salir con un paraguas.
Lo primero es con el transporte, cuando llueve casi nunca aparece una guagua o un carro y en los momentos en los cuales se ve uno de ellos, estos van tan llenos que no cabe “ni un suspiro” lo que obliga al precavido que salió con paraguas a utilizarlo para llegar a su destino.
Pero que resulta, que las calles se anegan y en las aceras sucede lo mismo, con el agravante de que en la generalidad de nuestras aceras hay una cantidad de árboles sembrados de unas especies que por su tamaño y ramaje impiden el uso de un paraguas.
Estamos casi saliendo la acostumbrada sequía estacional y entraremos en el periodo de lluvia y con él las angustias del peatón que al salir para el trabajo o luego de regreso a la casa, tendrá que hacer malabares para poder transitar.
Sabemos de la importancia de los árboles y lo que significan para la vida, pero, ¿no sería más lógico que se haga un estudio y se determine cuáles pueden sembrados en nuestras aceras de manera tal que no sean un obstáculo para el libre caminar?
Pudiera tomarse un tiempo hacer una corrección en la arborización pero es mejor comenzar ya que un inicio tiene final, que no dejarlo todo así y seguir haciendo difícil el transitar por nuestras aceras.

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