Alguien dijo una vez que si aplicáramos la vieja sentencia bíblica de ojo por ojo y diente por diente, el mundo se quedaría ciego.
Jesucristo en su paso por el mundo, la cambió con aquello de poner la otra mejilla, pero, las cosas que suceden y que ameritan sanciones por parte de la justicia creada por los hombres para la convivencia social están socavando lentamente la confianza.
En nuestro país, y suponemos podría estar sucediendo en otros, el sistema de justicia, integrado por hombres y mujeres, que actúan como jueces, está llevando a la población a pensar seriamente en el aberrante “tomar la justicia por su propia mano”.
Las decisiones que se han tomado para dejar en libertad a narcotraficantes, asesinos, violadores, ladrones y toda clase de inadaptados sociales rayan en la vergüenza por tan manifiesta lenidad.
El caso más reciente ha consternado a la sociedad, cuando fueron absueltos, cuatro de cinco acusados de asaltar a la joven ingeniera Francina Hungría a quien provocaron la pérdida de la visión a causa de un balazo.
Se había demostrado la participación de todos en el hecho, incluso uno lo relató en un programa de televisión, pero a pesar de eso, sólo uno fue condenado.
El Procurador General de la República dijo que apelarán la sentencia y que ese fallo tan desacertado, “lacera y hace perder la fe de la población en el sistema de justicia”, y nosotros preguntamos :si a esto sumamos la benevolencia del Código Procesal Penal, qué será de nosotros?

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