¡No me defienda, compadre!

En un país en el cual los opinantes en programas de radio y televisión han establecido una especie de competencia para ver  quien dice mayor cantidad de palabras obscenas en el menor tiempo posible, resulta simpático, por no decir otra cosa, la prohibición de un show de determinado artista.

La Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía, que uno imaginaba no existía, por todo lo que se ve y oye en los medios de comunicación, se ha destapado ahora con la prohibición del show de la norteamericana Myley Cyrus, por obsceno y contrario a las normas y costumbres dominicanas.

Y uno se pregunta ¿habrá visto la Comisión todo los canales que existen en la televisión por cable? ¿acaso tiene  una idea de lo que se puede ver y hacer en internet? ¿o habrá oído y visto lo que se dice y hace en la radio y la televisión nacional?

En años anteriores los locutores y cualquier otra persona autorizada para hablar por radio y televisión se preciaban de usar palabras elegantes, conceptuosas y respetables, porque tenían una especie de competencia para ver quien hablaba más bonito y aparentaba ser más culto.

Esa prohibición es una ridiculez, porque de la misma manera que usted bloquea en su casa los canales pornográficos y trata en internet de bloquearles las páginas de ese mismo calibre a sus hijos menores, así puede hacer con espectáculos que considere inapropiados.

A los adultos que les interesen ese tipo de cosas, usted no puede hacerle absolutamente nada, cada quien es libre de meterse en su mente lo que le plazca, porque el mismo Dios le ha dado la libertad para hacerlo, aunque le enseña qué es lo correcto.

De manera que si por ese show es que ustedes han abierto la boca y con las otras perversidades no han hecho nada, ¡no me defienda, compadre!