Parecía que nos íbamos a ahogar en un mar de irracionalidades al terminar el proceso de las votaciones el 15 de mayo, desde mucho antes de su celebración las encuestas serias vaticinaban los márgenes, de manera que no fue extraño para nadie los resultados.
Los perdedores, que también lo sabían, quisieron hacer una especie de teatro, para que los que votaron por ellos sintieran que su preferencia no estaba errada ya que “fueron víctimas de un fraude mayúsculo”, algo que ni ellos mismo creían.
Ha pasado el tiempo, muy poco tiempo, y ya el país sigue con la normalidad que tenía antes de las elecciones y a nadie parece importarle los pocos inconformes que todavía quedan y que son como dice el libro “el último de los Mohicanos”.
Estamos en el período de transición de un gobierno a otro, pero que será del mismo Presidente, de suerte que no habrá paralización de nada como a veces sucede, ya vemos como de nuevo se comprueba que ¡luego de la tempestad viene la calma!

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