Es uno de los más bellos poemas escrito por Héctor J. Díaz el gran poeta popular nacido en Azua y muerto en el año 1950 en Nueva York, llamado el gran bardo dominicano, por su extraordinaria sensibilidad.
Leyendo uno las letras nota la enorme diferencia entre un poeta y un político, en su poema, Díaz pide “que nadie me conozca y que nadie me quiera”, una frase y un pensamiento que nunca llegará a la mente del político.
La lírica de un poeta casi siempre representa su forma de actuar en la vida es un desahogo sentimental que le ayuda y que nos hace sentir diferente a quienes lo leemos, de hecho es muy raro ver a un poeta metido en asuntos políticos, pero los hay.
La diferencia entre uno y otro estriba en que uno expresa sus ideas en un papel escritas con rimas y el otro si no consigue lo que quiere se apoya en el desorden tratando de acompañarse de otros para obligar, por ejemplo, a un gobierno, a que las cosas sean a su manera.
Con lo de Loma Miranda algunos políticos se han dedicado a provocar situaciones de desorden porque no se ha hecho lo que ellos quieren, ni siquiera han manifestado su inconformidad por la vía pacífica, es como si fueran niños malcriados cuando no les dan lo que piden.
No es que pretendamos que no exista disidencia o que no haya protestas, lo que decimos es, que todo puede hacerse dentro de lo normal, y lo normal es protestar de manera pacífica, sin piedras, sin alteración del orden público.
Eso como diría el poeta es ¡lo que quiero!

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