El tema obligado en todos los medios de comunicación es la COVID-19, cada día nos hacemos eco de su evolución y los estragos causados pensando en lo que nos deparará, sobre esto editorializa el periodista banilejo Miguel Franjul, director del Listín Diario.
Wuhan, en China, fue la cuna del coronavirus. Sus once millones de habitantes permanecieron dos meses y medio en cuarentena total y allí se registraron 3,500 muertes entre 50,000 contagiados.
No obstante haber sido declarada libre de la pandemia, todavía se mantienen reglas para garantizar el aislamiento social de sus habitantes y, en consecuencia, evitar un rebrote. Y esa es la causa por la que la mayoría, que está sana y que no sufrió contagio, sigue respetando las reglas.
Después de enfrentarse a este modo de vida excepcional, tanto los habitantes de Wuhan como de otras ciudades del mundo abatidas por una alta mortandad y por la parálisis de sus economías, se encuentran en la antesala de un futuro incierto.
Nadie imagina, hasta ahora, cómo se harán y en qué tiempo, para recuperar sus economías, para mejorar sus sistemas de salud en prevención de otras epidemias y para reorganizar sus vidas. Es decir que superar el peligro actual no garantiza la vuelta a una vida exenta de los mismos peligros.
Si hacemos consciencia de que lo que ahora libramos es una batalla dentro de una guerra más prolongada, los dominicanos no deberían relajar sus defensas en el momento presente ignorando las reglas del estado de emergencia.
No tiene sentido ni justificación que sigamos en las calles pretendiendo vivir mentalmente en una artificial “normalidad” irrespetando la vital norma del distanciamiento o descuidando la higiene de las manos, el uso de mascarillas y guantes y cumpliendo el toque de queda.
Tampoco tiene sentido, ni base científica, presuponer que el virus, que ya está circulando prácticamente en todo el país, será ineficaz o benevolente con nuestro país si todavía adolecemos de un amplio esquema de clínicas, hospitales o centros de aislamiento para tratar a los afectados.
Si los de Wuhan, que vivieron la estricta cuarentena de dos meses y medio, siguen todavía en actitud preventiva y defensiva, es por algo.
Saben lo peligroso que es descuidarse y exponerse a un nuevo contagio. Ya han visto que en Corea del Sur decenas de “recuperados” volvieron a contraer el virus y que aún la ciencia no ha podido descifrar el misterio del rebrote.
Si sabemos eso, entonces resultaría una imprudencia mayúscula que los dominicanos, con el Gobierno a la cabeza, minimicen olímpicamente este peligro, que es apenas uno de los varios que nos esperan en la era de ¡la post pandemia!

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