Las lamentables muertes ocurridas este domingo de dos brillantes peloteros nuestros, jóvenes y con futuros promisorios, vuelven a poner sobre el tapete la situación que parece provocar una especie de desenfreno en aquellos que tienen la oportunidad de firmar con buenos bonos y luego contratos jugosos.
No es un secreto que la mayoría de nuestros peloteros vienen de hogares que no son económicamente suficientes si no que padecen penurias y los que desde temprana edad aspiran convertirse en peloteros pasan muchas vicisitudes inclusive para poder llegar a los estadios y poder practicar.
No tienen tiempo para dedicar a los estudios porque en su mente lo que prima es el béisbol y entienden que para batear, aparar y lanzar eso está de más, que lo que cuenta es la habilidad y fortaleza del cuerpo.
Cuando tienen la suerte de llegar, por sus condiciones atléticas, y logran un buen dinero, quieren vivir con toda la holgura que no tuvieron y aprovechar al máximo todo lo que el dinero puede brindar y que no pudieron tener en sus primeros años.
Lo que más les llama la atención son los vehículos lujosos y poderosos y las bebidas caras que nunca pudieron disfrutar y al hacer esa combinación sucede lo fatal y con poca edad terminan en un accidente que les arrebata una vida que llevaron de manera ¡Intensa y rápida!

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