A los políticos con aspiraciones de ocupar un cargo en la administración pública, ya sea en el Poder Ejecutivo, Legislativo o Municipal, como que les da la calambrina cuando ven asomarse un nuevo proceso electoral, aun falten tres o dos años para que se celebre.
Ha sido una costumbre en nuestro país, que a la semana de haber sido juramentados cada uno de los ganadores de cada proceso, de inmediato comienzan los afanes para participar en el próximo que sucederá cuatro años más tarde.
A los presidentes que están haciendo lo que tienen que hacer, sobre todo cumplir las promesas electorales, los ven trabajando y de una vez dicen que lo hace porque quiere quedarse en el Poder, aunque no dé señales de tales propósitos.
Desde inicios de este dos mil dieciocho se ha incrementado el movimiento politiquero, tanto así que casi una docena de aspirantes se han lanzado a buscar candidaturas en sus partidos y todo gira en torno a esto, la población solo escucha, otra vez, promesas y promesas.
En el ámbito político lo que prima es la máxima aquella de que “camarón que se duerme se lo lleva la corriente” y parece que todos se mantienen completamente despiertos, aunque hay una sabia frase que aconseja que ¡Hay que saber esperar!

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