Que no es sólo nuestro sino que parece formar parte del hombre en todas las latitudes, nos lleva a hacer cosas que casi nunca tienen una explicación lógica.
Porque, dígame usted! De dónde sale eso de darle a beber alcohol a un bebé de dos años ó a una niña de siete? Ganas de hacerlos sentir adultos, o de que sepan y aprendan lo que hacen papá y mamá para celebrar en las fiestas?
La cantidad de menores intoxicados con alcohol en las pasadas navidades llegó casi al centenar, inclusive con una víctima fatal y otra todavía en grave estado.
Las autoridades encargadas de velar por la seguridad de niños, niñas y adolescentes, habían tomado precauciones y hecho advertencias, pero es imposible evitar que cosas así ocurran, sino no es con el concurso de los padres.
Lo único que se puede lograr es que después de sucedido lo lamentable, la Justicia sea aplicada para que se vaya tomando conciencia de que el alcohol en nada beneficia y por esa razón su venta está prohibida a menores.
Ojalá que los padres entendamos, que el hombre no es más hombre porque beba, sino todo lo contrario.

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