En el año 1966 luego de finalizada la Guerra de Abril comenzó sus labores la emisora Radio Continental cuyo propietario Pedro Justiniano Polanco grabó con su voz la frase que titula nuestro comentario y que servía de introducción a la identificación de la emisora, desde ese entonces su frase era profética.
Cada 22 de marzo desde que la Asamblea General de las Naciones Unidas lo declarara en diciembre de 1992, se celebra el Día Mundial del Agua. Este año no solo es especial porque se cumplen 25 años desde la primera celebración, sino porque su temática “La naturaleza al servicio del agua”, demuestra más que nunca que la solución a los problemas relacionados con el agua siempre ha estado al alcance de nuestra mano.
También es un día especial porque hoy da comienzo el Decenio Internacional para la Acción, «Agua para el Desarrollo Sostenible» proclamado por unanimidad en la Asamblea General de la ONU. El lanzamiento formal de este Decenio del Agua (2018-2028), que es el segundo de su tipo, será una oportunidad importante para que la comunidad internacional reitere su compromiso de lograr los objetivos y metas relacionados con el agua, y también ofrecerá la oportunidad de contribuir al seguimiento y revisión del ODS 6, sobre agua limpia y saneamiento.
Según la ONU, la celebración de este año se centra en explorar cómo la naturaleza puede ayudarnos a superar los desafíos que plantea el agua en el siglo XXI. Porque es en este siglo cuando parece que realmente la humanidad se ha dado cuenta de que estamos inmersos en una gran crisis hídrica. La Soluciones Basadas en la Naturaleza (NBS, por sus siglas en inglés), utilizan o imitan procesos naturales para mejorar la disponibilidad de agua (por ejemplo, retención de humedad del suelo o recarga de aguas subterráneas), mejorar la calidad del agua (por ejemplo, humedales naturales y construidos y franjas ribereñas) y reducir los riesgos asociados con desastres relacionados (por ejemplo, restauración de la llanura aluvial y techos verdes). El mensaje central de este año es poner en evidencia que este tipo de soluciones pueden ayudar, de forma sostenible y rentable, a reequilibrar el ciclo del agua, mitigar los efectos del cambio climático, y mejorar la salud humana y los medios de subsistencia.
Trabajar con la naturaleza mejora la gestión de los recursos hídricos, ayuda a lograr la seguridad del agua para todos y respalda los aspectos centrales del desarrollo sostenible. Está en nuestras manos encontrar el camino para devolver a la naturaleza lo que obtenemos de ella, y no hay mejor forma que hacerlo utilizando las soluciones que ella misma nos ofrece. Porque la respuesta está, y siempre ha estado, en la naturaleza y en nuestras manos.
Por eso, hoy más que nunca es necesario tener presente esa frase profética ¡Dominicano, el agua es vida, no la desperdicies!

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