Aquí todos sabemos que eso es lo que hacen los niños cuando los padres no les dan alguna cosa que quieran o no les permiten hacer algo, que pudiera ser peligroso o no conveniente, pero que el niño en inocencia desconoce.
En los momentos en que ese niño está con esos lloros, que son casi alaridos, los padres, en principio tratan de calmarlos dándoles explicaciones del porqué no les satisfacen esos deseos, pero si siguen con la rabieta optan por dejarlos que lloren, ya que saben que se calmarán.
Lo que está sucediendo en nuestro país después de finalizadas las votaciones generales celebradas el domingo quince de mayo, es lo que más se parece a esas rabietas infantiles, luego de conocerse los resultados de las elecciones en los tres niveles.
Tenemos diez días escuchando a los perdedores con alegatos de fraude, pidiendo la anulación de las elecciones –alabadas por todos los observadores internacionales que estuvieron en el país-y hasta amenazas de que ¨a mí hay que matarme, porque yo gané¨.
Como ¨el agua se aclara sola al paso de la corriente¨ ya esos ánimos que estaban en lo máximo han ido calmándose, lo que da a entender que todos esos pataleos son producto de que la oposición perdedora ¡cogió una pea!

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