Es el título del artículo escrito por el periodista Orión Mejía para su columna A Rajatabla que este domingo, como cada domingo, publica en El Nacional y que nosotros tenemos todos los lunes como nuestro comentario invitado.
El liderazgo del PLD está compelido a recobrar lo antes posible racionalidad, sentido común o admitir que ha convocado a ese partido a un harakiri político para impedir cualquier fórmula de avenencia que conjure un conflicto interno carente de consistencia ideológica que lo defina como irresoluto.
Ese partido se convertirá en la primera y única institución
que acude a unas primarias abiertas para escoger sus candidatos a puestos de
elección popular, lo que lo sitúa como la organización más democrática del sistema
partidario nacional.
Los demás partidos han optado por primarias cerradas o por
eufemismos jurídicos para garantizar que individualidades o grupos hegemónicos
seleccionen sus candidatos a mejor modo, lo mismo que las alianzas o adhesiones
electorales.
En justicia el PLD, con sus errores y virtudes se erige en un
partido de la gente, al entregarle a los ciudadanos la calidad jurídica y
política para escoger o seleccionar a los integrantes de su boleta electoral,
en primarias abiertas arbitradas por la Junta Central Electoral.
Ningún otro partido ha colocado su destino en manos de la
población, que será la que decida quién será su candidato presidencial, así
como los postulantes a senadores, diputados, alcaldes y regidores.
Por esa histórica razón, el liderazgo peledeísta está
obligado a zambullirse en río helado y retornar al razonamiento lógico, toda
vez que, haga lo que haga, no podrá impedir que el pueblo elija a su candidato
o candidata presidencial.
Lo sensato y conveniente sería que el presidente de la
República y el presidente del Partido promuevan un ejercicio dialogante tan
amplio como sea posible, cobijados ambos en su notable historial de servicio a
la nación, para que a las primarias abiertas acuda un partido con su gobierno y
un gobierno con su partido.
Es claro que cualquier fórmula de resolución de la crisis en
el PLD debe incluir la habilitación jurídica y política del presidente Danilo
Medina y la celebración de unas primarias absolutamente transparentes, libres y
concurridas, en la promesa de que el veredicto será acogido con humildad por
todo el partido y el Gobierno.
He dicho y repito hoy que Danilo Medina es un activo de la
nación, que el partido tiene que preservar y tenerlo disponible para cuando su
pueblo lo requiera y las circunstancias lo permitan. Puede decirse que Danilo y
Leonel son anverso y reverso de una misma moneda, que puso en circulación Juan
Bosch.
Resulta imprescindible que antes de las primarias abiertas,
el PLD se aboque a un diálogo político de profundos efectos o consecuencias,
basado en la sensatez, buen juicio y sobre todo en el fortalecimiento de la
democracia, gobernanza y de la economía, valores que el Gobierno y el Partido
han ayudado a consolidar.

RSS: Entradas