Cada vez que vamos a despedir un viejo año y nos preparamos para recibir el nuevo, hacemos una lista de propósitos con la intención de mejorarnos físicamente: perder peso o aumentar si lo necesitamos, hacer ejercicios, caminar más, etc, etc.
Quizás lo más importante para nosotros comenzar el año y mantenernos así durante los trescientos sesenta y cinco días, es el de mejorarnos internamente y hacernos el firme propósito de levantarnos ante cada caída.
Decir sí, al amor, el perdón, la amistad, el respeto, la convivencia, la cortesía, el buen vivir, la honradez, la familia, la vida, la alegría, la compasión, el compartir, siempre buscando la manera de cambiarnos nosotros mismos para así lograr que el mundo cambie.
Decir no, a la violencia, a la ira, al rencor, a la enemistad, a la corrupción, a la ilegalidad, al aborto, al maltrato, tratando de erradicar de nuestro corazón, de nuestros pensamientos, todos los sentimientos negativos que nos nublan la razón y nos hacen actuar como seres enemigos de los demás.
Ya lo pasado, pasado, ahora llega el momento de olvidar y enfrentar el porvenir con cara alegre y ánimo dispuesto y hacer de este dos mil dieciocho el ¡Año del sí y el no!

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