Una vieja ranchera del folklore mejicano escrita por José Alfredo Jiménez dice en una parte de sus letras que la vida no vale nada, naturalmente antes de llegar a esa frase da la explicación.
Pero si él viviera en esta época, no tan sólo en su país sino también en los demás de la región se daría cuenta que existen personas que le han puesto precio a la vida de otros para quitársela.
Estos tienen como profesión ser un sicario, es decir, un asesino pagado, que no le importa que alguien pierda la vida, siempre y cuando sea quitada por él por un precio acordado, que dependerá a que tan bajo nivel haya llegado su degradación como ente social.
En nuestro país hemos visto sicarios apresados que han revelado sumas irrisorias cobradas para matar a una persona y otras que han dicho sumas elevadas por hacer ese servicio o trabajo.
En este fin de semana se ha revelado que dos sicarios cobraron RD$200,000.00 cada uno para matar a una mujer pero se confundieron y asesinaron a la que no era y le volvieron a pagar la misma suma para que hicieran lo mismo pero con la mujer correcta.
A eso hemos llegado, la vida no vale nada para quien la tiene pero para quien manda a quitarla y paga a sicarios tiene un valor monetario, ¡pobre mundo!

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