El compueblano periodista banilejo Miguel Franjul, director del Listín Diario, en su editorial de este día habla del poder inimaginable de los motoristas en nuestro país.
Escalar el Monte Everest, con todo su andamiaje de arneses y soporte, resulta una hazaña más sencilla que meter en cintura, con la ley en la mano, a los motoristas.
Ninguna de las normativas establecidas para proteger sus vidas, su trabajo o el uso de sus vehículos ha funcionado.
Ante la resistencia constante a sujetarse a la ley, han pasado a conformar una categoría exclusiva y privilegiada de ciudadanos: la de los intocables.
Una condición en que solo compiten con ellos los corruptos de toda laya y los capos del narcotráfico.
Para el resto de los ciudadanos, la sujeción a la ley es rigurosa, y en lo que respecta a las normas de tránsito, mucho más.
A los motoristas se les permite sistemáticamente violar estas mismas reglas, lo que se traduce en la más alta tasa de muertes, heridos, daños por accidentes, atracos y otros actos delictivos.
Pero los gobiernos, misteriosamente, no hacen mucho para corregir este desorden, para no disgustar a los motoristas a los que ven como carnada electoral.
Esta es una realidad que la sociedad conoce bien.
Y dado que el ejercicio de estas infracciones no castigadas es evidente a cualquier hora y en cualquier lugar, ya las hemos normalizado.
Ahora, la autoridad se pone a prueba una vez más con la disposición del INTRANT de hacer obligatorio el uso de cascos protectores de calidad para motoristas y sus pasajeros.
En vista del consuetudinario repudio a la generalidad de las normas, es previsible que esta corra igual suerte.
¡Ojalá nos equivoquemos!

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