¡El Nobel y la Paz!

Hoy compartimos con ustedes el editorial del tradicional matutino El Caribe que habla sobre las propuestas para recibir los Premios Nobel de Paz.

Finalizado el 80 periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU, con abundancia discursiva y particular acento en la paz mundial, los mismos conflictos y guerras de antes de comenzar el evento siguen activos y se intensifican.

Es que la palabra paz ha sido despojada de contenido, algo que resaltó con su magnífica intervención la presidenta de Eslovenia, Nataša Pirc Musar, quien recordó que con la Carta de las Naciones Unidas se depositaron esperanzas de una nueva era de seguridad y cooperación duraderas, pero de hecho la situación ha empeorado y el derecho internacional parece “estar al borde del precipicio de la irrelevancia”.

Musar puso el dedo en la llaga para ayudar a identificar a los que aúpan y favorecen las guerras, una responsabilidad que asigna al Consejo de Seguridad donde algunos más bien “trabajan en beneficio de sus propios intereses” y, por tanto, los poderosos matan con impunidad simplemente porque pueden hacerlo.

Pero no bien termina la Asamblea General de manosearla, la palabra paz se bambolea en un nuevo escenario: el 10 de octubre será anunciado el ganador del Premio Nobel de la Paz de 2025, que tiene 338 candidatos, de los cuales 244 son personas y 94 organizaciones, con la paradoja de que, aunque el belicismo es la principal bandera que flamea en el mundo, este año el número de nominados es significativamente superior respecto a 2024.

Entre estas 244 personas, y postulado por Benjamín Netanhayu, ¡qué barbaridad!, figura Donald Trump, que no oculta sus deseos, lo que agrega a esta premiación una expectativa inusual.

Aunque Trump merezca o no, el Nobel de la Paz, existe un precedente que obliga a verificar los criterios de elección porque Barack Obama lo recibió en octubre de 2009, con menos de nueve meses en el cargo, mismo tiempo que el actual gobernante, que se precia de haber terminado con siete guerras.

En un mundo agitado por el armamentismo y los conflictos, que no preocupan y más bien benefician a las grandes potencias, finalizamos con una plegaria de San Francisco de Asís: “Que la paz que anuncian con sus palabras esté primero en sus corazones”.