El compueblano periodista banilejo, Miguel Franjul, director del listín Diario, editorializa este día sobre esta importante obra vial que beneficia a nuestro pueblo y al país.
La próxima inauguración de la Circunvalación de Baní, el 12 de agosto, representa, más que una obra vial, un test de civilidad institucional para el país.
Este proyecto, diseñado con visión de futuro —incluyendo espacios reservados para ampliación de carriles— enfrenta como otros de su género una amenaza recurrente.
Es la de la arrabalización imparable que ha degradado obras emblemáticas como la Avenida Ecológica, donde comercios informales y microvertederos han fracturado su potencial.
Las franjas reservadas para expansión son el primer blanco de ocupación ilegal. En Baní, estos espacios son vitales para su escalabilidad turística.
Permitir su usurpación equivaldría a sabotear inversiones millonarias destinadas al desarrollo regional.
Otro factor de degradación ambiental es la acumulación de chatarras, podas indiscriminadas y basurales espontáneos que afean el paisaje.
La instalación anárquica de negocios en sus márgenes genera estrangulamientos y riesgos viales.
Hay que reclamar al Ministerio de Obras Públicas la aplicación de una normativa de uso de suelo con sanciones ejemplares para invasores y empresas que las violenten.
En otros países existen los llamados polígonos de servicios, retirados de las vías, como lo demuestra el éxito de la Ruta del Café en Colombia.
En estos corredores turísticos el país, el Gobierno no puede permitir que su inversión en Baní naufrague por negligencia.
Esta circunvalación serpentea entre bosques y montañas—activos que pierden valor con las chozas y construcciones inapropiadas.
Baní merece un destino distinto: que su circunvalación sea recordada no como otra víctima del desorden, sino como el primer corredor dominicano que doblegó la maldición de la degradación.
Las carreteras excelentes son espejos de grandeza nacional; las abandonadas, epitafios de oportunidades perdidas.

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