¡Baní y la Virgen de Regla!

Todas las comunidades dominicanas se caracterizan por encomendarse a un ser superior que bendiga y cuide el pueblo, que sea su patrón. En el caso de Baní, ese rol le corresponde a la Virgen de Regla, la reina de sus fiestas patronales.

 La devoción por esta virgen se remonta a los tiempos de la colonización, cuando el arzobispo Fray Domingo Fernández de Navarrete, en 1683, fundó la Parroquia Nuestra Señora de Regla, establece Antonio Lluberes.

Los pobladores de la época ya tenían devoción hacia la Virgen de Regla, la cual se originó en el remoto siglo cuatro, en el norte de África, de allí pasó a España, luego a La Habana, Cuba; más tarde a las islas Filipinas y a Baní.

Una capillita rústica, hecha de tablas de palma y techo de cana era el santuario dedicado hacia esta Virgen con que contaban las poblaciones dispersas que se movían alrededor del recién fundado pueblo.

 Muchas otras capillas fueron construidas y destruidas por desastres naturales y otras por el ser humano, como ocurrió el 4 de marzo de 1805 cuando la destruyó el general Jean Jacques Dessalines; pero en 1885 el padre José María Merino asumió la parroquia que existía en el momento y decidió darle continuidad a la construcción de un templo para el pueblo.

 La imagen de la Virgen, de acuerdo con datos del historiador Joaquín Incháustegui, era en un principio pintada sobre tela, pero la estatua actual data alrededor de 1810, cuando una devota llamada Francisca la Francisquera la compró al cabildo de Santo Domingo y la regaló a la iglesia banileja.

 Aunque esta estatua estuvo afectada por dos incendios, uno en 1882 y otro en 1908, fue restaurada y se mantiene en pie hasta los días actuales.